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"Stem Cells, esperanza y realidad"

Philadelphia, 12 de junio de 2008

Querida familia Piel de Cristal,

Les escribo desde EEUU donde estoy participando en la 6a Reunión Anual de la Sociedad Internacional de Células Madre. Casi 3.000 investigadores de todo el mundo, más de 600 trabajos ha presentarse, mucha ansiedad. Todos queremos conocer los últimos avances y por sobretodo saber si se ha demostrado rigurosamente que las células madre han permitido curar a nuevos pacientes.

Esta historia se inicia a comienzos de los 60, cuando un par de investigadores demostraron la existencia de las células madre hematopoyéticas: células que se extraen del interior de algunos huesos y que, si se trasplantan a individuos cuya propia médula ósea ha sido destruida, regeneran todas las células de la sangre. Después de eso, irrumpieron las células madre embrionarias cuya promesa era que permitirían curar todas las enfermedades degenerativas porque pueden diferenciarse a cualquier célula del organismo. Sin embargo, dado que poseen un enorme potencial de transformarse en tumores y que su obtención depende de la destrucción de un embrión (lo que está prohibido en muchos países incluido Chile), es muy poco probable que lleguen a ser utilizadas en seres humanos.

Cuando parecía que el uso terapéutico de las células madre quedaría restringido al tratamiento del cáncer de la sangre, fue evidente que los individuos adultos tenían células madre en otras partes del cuerpo y que estás se mantenían a lo largo de toda la vida. Hasta fines de los 80, el dogma decía que las células madres adultas sólo se diferenciaban en las células del tejido en el que se encontraban, permitiendo que éste se (re)genere constantemente. Pero eso no era todo. A mediados de los 90, distintos investigadores mostraron que las células madres adultas tenían plasticidad, o sea además podían diferenciarse en células de otros tejidos. Y resultó, que la sangre se podía “convertir” en músculo e incluso en cerebro. También, las células madre del cerebro podían generar células de la sangre y las células madre de la grasa podían diferenciarse en células de los huesos. Entonces, empezaron a aparecer los intentos de usar las células madre adultas para curar todas las enfermedades conocidas.

Así, han sido necesarios 15 años para reunir el conocimiento que hoy nos permite invitar a algunos de nuestros pacientes a participar, con la menor incertidumbre posible, en estudios clínicos. Esto es, en investigaciones diseñadas para probar en un número significativo de pacientes si el trasplante de una célula madre adulta particular contribuye a la cura de su enfermedad o no. Y en eso estamos. Por lo tanto, cada vez que en el diario aparece una noticia en que usando células madre aparentemente mejoraron a un paciente, no debe leerse como que es la cura. Si no más bien, como un avance hacia ella.

En el caso particular de la Piel de Cristal, recientemente hemos sabido que un niño en Estados Unidos presenta mejoras significativas después de haber recibido células madre hematopoyéticas de un donante sano. Aparentemente, lo mismo estaría pasando con otro niño en Inglaterra. Sin embargo, 2 casos no hacen la cura de la EB. Si así fuera, nuestro equipo de investigación en DebRA-Chile también debería aparecer en los diarios porque a la fecha hemos trasplantado células madre mesenquimáticas (distintas a las hematopoyéticas pero que también se encuentran en la médula ósea de los adultos) a 4 pacientes con EB Distrófica y en todos ellos hemos visto que las heridas tratadas se han curado. Aun más, nuestra estrategia parece ser mejor a las evaluadas en los países del norte. Esto porque en ambos casos, y al igual como se hace en los pacientes que tienen cáncer a la sangre, antes de administrar las células madre hematopoyéticas los niños recibieron drogas que destruyeron sus propias células madre, quedando sin defensas contra los microorganismos y contra las células tumorales, por al menos 3 semanas. En cambio, cuando se administran células madre mesenquimáticas no es necesario asumir este riesgo.

Así dadas las cosas, los invito a mantener las esperanzas en las células madre y a seguir colaborando en nuestras investigaciones. Pero además, reafirmo nuestro compromiso como DebRA-Chile de que estamos tras la cura de la EB y que los mantendremos informados de cualquier avance serio y sólido que haya en este campo, reflejo de ello es que estoy aquí mostrando nuestro trabajo.

Un abrazo para todos,

 

Dra. Paulette Conget
Directora
Instituto de Ciencias
Facultad de Medicina
Clínica Alemana-Universidad del Desarrollo

Directora Científica
DebRA-Chile

   

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